Y un día volvió la primavera. Todavía no lucía todo su esplendor, no. Pero poco a poco todo empezaba a florecer, como surgiendo luego de una larga tormenta.
No era que los truenos y rayos lo taparan todo, pero en tantas noches oscuras y frías, a las estrellas les costaba hacerse notar.
Lentamente, una vez más, las libélulas se abrían paso entre hojas y flores; y batiendo ágilmente sus alas anunciaban que soplaban vientos de cambio.
Creo fervientemente en que todo llega en su debido momento, y si no llega es porque no está destinado a ser realmente, o porque no dimos nuestro máximo esfuerzo para alcanzarlo.
Y el cambio por fin llegó.